Venganza

Lo maté
Después de muchos años creciendo con el sentimiento vivo de querer venganza por lo que me había hecho, lo maté.

Era una tarde calurosa como de costumbre en Palenque, las calles polvorientas estaban estáticas y a lo lejos se veían las ondas de calor que anunciaban lo que se estaba cocinando en mi cabeza; yo iba descalza, ya estaba acostumbrada a sentir el escozor en mis pies y lo disfrutaba.

Ese día decidí ir de blanco, como anunciando la liberación de mi alma tras conseguir la dulce venganza. De manera silenciosa entre a la casa y me escondí en el cuarto principal, el no tardaba en llegar, pasaron al menos quince minutos y solo me distraían las gotas de sudor que bajaban por mi frente; como un aviso de que la hora llegaba sentí el portón abrirse y luego cerrarse con un golpe seco; me preparé, saqué el cuchillo y flexioné mis pies como en guardia. De repente se corrió la cortina del cuarto; salté y con fiereza clavé el cuchillo en su esternón, pero no,  una vez no me bastó, lo clavé tantas veces que los chorros de sangre salían disparados hacia mi blanco vestido.
Nunca había disfrutado tanto algo en mi vida, no me arrepiento de lo que hice, lo volvería a hacer, se lo merece ¿por qué? La pregunta sobra, ese hombre al que acuchille sin compasión me violo durante años y todo empezó cuando tenía seis, ahora tengo veinte; te puedo contar más detalles pero en esta prisión el tiempo de visitas dura muy poco, adiós.


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